El nombre de Francisco Javier García Cabeza de Vaca quizá le suene poco familiar, pero si le decimos que es el gobernador de Tamaulipas, y que además enfrenta acusaciones por operar con recursos de procedencia ilícita, defraudación fiscal y nexos con el narcotráfico, el asunto se pone más interesante.
La cabeza del mandatario tamaulipeco fue puesta el martes sobre la guillotina legislativa. La Fiscalía General de la República (FGR) solicitó al presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, el legislador Moisés Ignacio Mier Velazco, una Declaración de Procedencia en su contra, que obligaría a la destitución por desafuero del mandatario panista.
Pero lo que realmente detonó la apertura de una carpeta de investigación en contra de Cabeza de Vaca, es su inexplicable y meteórica fortuna esparcida en cuentas bancarias, propiedades y empresas fantasma.
Una denuncia de Alejandro Rojas Díaz Durán revela que la suma del valor de las propiedades del gobernador alcanza los 104 millones de pesos, que no corresponde al sueldo de 13.2 millones de pesos declarados entre los años 2000 y 2016.
Según el expediente que dio a conocer la FGR, Cabeza de Vaca obtuvo la licitación de una obra pública en 2017 que nunca se construyó y se embolsó a través de una empresa fantasma 48,6 millones de pesos (unos 2,4 millones de dólares) y otros 33,5 millones (1,6 millones de dólares) a través de otras operaciones con su hermano José Manuel.
La Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la FGR escarbó un poco más en la investigación, y encontró que el patrimonio de Cabeza de Vaca incluye hasta 20 propiedades en Texas, valoradas en 10 millones de dólares, y 10 empresas con domicilios en California y Seattle, Estados Unidos, pero sólo dos de ellas se encuentran activas.
El documento de la dependencia que encabeza Santiago Nieto incluye en la investigación a Mariana Gómez Leal, esposa del gobernador, a sus hermanos Ismael y José Manuel, a su madre María de Lourdes Cabeza de Vaca Wattembarger y a su suegro, José Ramón Gómez Reséndez, pues Cabeza de Vaca convirtió a su círculo familiar más íntimo en el epicentro de sus movimientos financieros, legales e ilegales, declarados y ocultos.
La madre del tamaulipeco, doña María de Lourdes, posee 11 cuentas bancarias a su nombre, Cabeza de Vaca tiene 14, su esposa cuatro, y sus hermanos, el senador Ismael García, y José Manuel cuatro y seis respectivamente, más las 20 cuentas de su suegro. Se trata de una danza millonaria que no encuentra una explicación lícita.
Por si fuera poco, Cabeza de Vaca es señalado por el ex titular de Pemex, Emilio Lozoya, de haber aceptado sobornos cuando fue senador, a cambio de votar a favor de la reforma energética del presidente Enrique Peña Nieto.
Y si Cabeza de Vaca considera que el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) lo está persiguiendo, no sólo es el gobierno federal el que está detrás de él, la DEA y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, ya lo investigan desde hace años por lavado de dinero, fraude bancario y por posibles nexos con el Cártel del Golfo.
La indagatoria contra el gobernador de Tamaulipas está soportada con reportes del Financial Crimes Enforcement Network (Fincen), una unidad del Tesoro norteamericano que combate el lavado de dinero.
El diario El País rememora que cuando Cabeza de Vaca era alcalde en 2005, permitió que en la Ciudad de Reynosa, Tamaulipas, durante una celebración del Día del Niño, se repartieran juguetes a los pequeños que iban firmados por un nombre conocido: Osiel Cárdenas Guillén, líder del Cártel del Golfo.
La DEA lo tuvo en su radar desde entonces, y cuando estaba a punto de convertirse en senador por el PAN en el 2012, la agencia norteamericana registró un encuentro del mandatario con Joaquín El Chapo Guzmán en Baja California Sur y el entonces secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna.
El periodista Óscar Balderas, escribió a propósito que el encuentro entre el capo mexicano y el mandatario estatal se celebró en la zona turística de los Cabos San Lucas (Baja California), al noroeste de México. El formato elegido fue una comida a la que acudió García Luna actualmente preso en los Estados Unidos.
El texto que obtuvo el periodista fue redactado el 17 de junio del 2015 en la oficina del entonces cónsul de Estados Unidos en Matamoros, Tamaulipas, Tobin Bradley. Y aunque, dicho documento parecía quedar en el olvido, ahora es un texto que confirma el estrecho lazo que mantuvo el panista con uno de los principales líderes del narcotráfico en México.

Memorándum titulado: “Encuentro de Francisco Javier García Cabeza de Vaca con el señor Guzmán Loera”.
En Estados Unidos, las autoridades han acreditado a García Cabeza de Vaca al menos una cuenta en las Islas Caimán para ocultar el dinero de la droga y las prácticas de corrupción, además de viajes de sus familiares 2008 y 2015 a paraísos fiscales usando un jet privado Hawker 800 que despegaba del aeropuerto internacional de McAllen, Texas (EEUU) de donde es originario Cabeza de Vaca.
Otras evidencias pretenden acreditar que el panista Francisco Javier García Cabeza de Vaca estaría relacionado no solo con el trasiego de drogas del Cártel de Sinaloa, sino con el robo de combustible y el lavado de dinero, que le habría dejado un patrimonio ilegal de más de 2,000 millones de pesos.
En agosto del año pasado, durante un recorrido que realizaron el mandatario estatal y el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en el municipio de Matamoros, decenas de asistentes recibieron a García Cabeza de Vaca al grito de “¡La DEA te busca, vas a caer!”.
Cabeza de Vaca ganó las elecciones de 2016 y su mandato concluye en 2022. La solicitud de la FGR para lograr el desafuero aún tiene un largo trecho que recorrer, pues no será suficiente con que la Cámara de Diputados acceda a la petición de la dependencia para desaforarlo.
La decisión está también en el Congreso Estatal de Tamaulipas, que debe aprobar el desafuero.
¿Los diputados del estado estarán a la altura de las circunstancias? ¿Harán su trabajo y dejarán que la Fiscalía enjuicie a Garcia Cabeza de Vaca?
La gente en México y en Tamaulipas, les exigen que sí, que le quiten el fuero. Ya no quieren más corruptos en el gobierno.











Pedro Salmerón Sanginés
Toda buena biografía política inicia con los orígenes familiares y sociales del biografiado (pensemos en el Stalin de Deutscher, el Hidalgo de Herrejón, el Cárdenas de Pérez Montfort y mil más). No haré teoría de la investigación biográfica para recordar por qué es importante hacerlo… dejémoslo diciendo que es de obvia resolución. Esto viene a cuento por el inesperado escándalo (muy inesperado para mí, por su virulencia) que causé en las redes sociales al mostrar quién era el padre de Gibrán Ramírez Reyes, el #telecandidato a la presidencia de Morena.
Una de las modalidades de las respuestas, muy repetida, consistía en asegurar que era una bajeza achacar al hijo las “culpas” del padre o, incluso, que era inaceptable mencionar a su familia. Reitero: no haré aquí teoría de la biografía, pero estoy convencido de que justamente, por el contrario, resulta imprescindible estudiar orígenes y relaciones familiares cuando hablamos de lo político y lo público. Sobre todo cuando parece que se quieren esconder o camuflar, como en el presente caso.
Efectivamente, Ramírez Reyes quería camuflar su pasado, o maquillarlo. En varios textos sobre su persona lo hace o permite que lo hagan. Veamos, por ejemplo, el de María Scherer (¿tengo que decir qué posición tiene Scherer, con quién está casada?), que empieza así:
El discurso del joven que surge desde abajo y por su cuenta, de origen sencillo, marginado o discriminado por su origen y aspecto, fue una de sus armas en el inicio de su posicionamiento político que hoy quiere que lo conduzca a la presidencia de Morena. Sólo que es falso.
En la primera infancia de Ramírez Reyes, su padre no era un profesor de primaria con doble turno, sino uno de los principales asesores de Olac Fuentes Molinar, subsecretario de Educación Pública con Carlos Salinas de Gortari y uno de los principales responsables de diseñar la descentralización educativa de 1992. Con esa reforma inició el desastre educativo del neoliberalismo; pero ésa es otra historia.
Fuentes Molinar y su asesor, Rodolfo Ramírez Raymundo, padre de Ramírez Reyes, tenían un discurso de izquierda y una práctica neoliberal monda y lironda. Ambos pertenecían a eso que se llamó la “izquierda salinista”, junto con personajes como Adolfo Orive, Arturo Warman y otros, que “sedujo” (la palabra es de mi maestro Arnaldo Córdova) al grupo de la revista Nexos, encabezado por Héctor Aguilar Camín, para sumarse al proyecto salinista.
Con ese discurso, siempre pintado de izquierda, pero siempre al lado del salinismo, Ramírez Raymundo siguió al lado de Fuentes Molinar. Saltemos 20 años para encontrarlos a ambos, con Ciro Murayama Rendón, en el Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República. Ejemplo de ello es este libro de 2013, aparentemente crítico de la “reforma educativa” de Peña Nieto (si bien algunos de los textos son muy serios), en el que siguen jugando Fuentes Molinar, Ramírez Raymundo y su entonces jefe (en tanto “coordinador ejecutivo de investigación” del Belisario Domínguez), Murayama Rendón. Se que todos saben quién es este último personaje; lo que quizá no todos tenemos presente, es su origen político-ideológico: Nexos.
Por entonces, Morena, que nacía, se oponía en la calle a la reforma energética y respaldaba (quizá tibiamente), a los profes democráticos de la CNTE opuestos a la reforma educativa. Y Morena, que nacía, vivía bajo cerco informativo. No se escuchaban las voces de Morena en los medios masivos oligárquicos. Y justo por entonces empezó a aparecer como “vocero” de Morena (¿quién lo nombró?, nadie) el joven “analista e intelectual” (sin méritos previos para presentarlo como tal) Gibrán Ramírez Reyes. Esos medios estaban vinculados, todos y cada uno de ellos, a los espacios del salinismo intelectual promovidos por Nexos y Milenio. Lo demás fue solamente inflarlo…
Por eso toda buena biografía política empieza con los antecedentes y orígenes del biografiado. Por eso están tan molestos los amigos de Ramírez Reyes. Por eso Ramírez Reyes está construyendo aceleradamente un nueva e inopinada narración sobre sus orígenes.
Hoy tengo más enemigos que hace una semana, pero ciertamente no me gustaría que alguien inflado por esos medios, que pretendió maquillar sus orígenes y que responde con tanta violencia, presida el partido político que debe refundarse para ser capaz de respaldar al gobierno, formar cuadros, construir la cultura política, ser correa de transmisión entre el pueblo y el gobierno y garantizar que se produzca la cuarta transformación; para que ésta no sea sólo un sexenio de respiro neoliberal se requiere trayectoria, coherencia, capacidad política y lealtad a los principios.